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Congreso en Defensa de la Cultura: la Cultura, una cuestión de Estado

Fuente: Crónica Popular.es 9/3/2015

Un Libro Blanco de la Cultura, que será presentado a todos los partidos políticos, y una manifestación por la Cultura el próximo 19 de abril, serán las acciones que den continuidad al primer Congreso en Defensa de la Cultura que, del 5 al 7 de marzo, se celebró en el Ateneo de Madrid- que lo retransmitió en directo- y en el que, frente a los continuos atropellos que la derecha ha venido desarrollando desde el Gobierno del PP con todo tipo de medidas como la Ley Lasalle, se planteó la exigencia de concebir la Cultura como una cuestión de Estado.
El Congreso fue inaugurado con una magnífica intervención del científico Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, que reproducimos en su totalidad y en la que, entre otras cosas, afirmó que "ha llegado el momento de reivindicar la cultura, la democracia cultural y la cultura democrática. La cultura democrática es la cultura que nos permite actuar todos los días, darnos cuenta de que en realidad la definición suprema de cultura es la manera de actuar cada día, lo que hacemos después de tener en cuenta todo lo que hemos aprendido, olvidado, recordado, imaginado... Todo eso nos permite actuar libremente, siendo responsables y teniendo en cuenta nuestra relación con los demás y nuestro entorno".

Apoyado por 80 asociaciones ciudadanas, el Congreso fue organizado por la Plataforma en Defensa de la Cultura, un colectivo "apartidista pero en absoluto apolítico, porque la cultura no es apolítica", creada el 4 de noviembre de 2013 con la idea fundamental de "reivindicar que la cultura es de todos, un derecho que aparece en la Constitución y que está avalado por la Unesco y las Naciones Unidas y que, sin embargo, las políticas actuales de las diferentes administraciones están aparcando", y que, tras hacer público un Manifiesto el 25 de febrero de 2014, el 9 de marzo de ese mismo año había promovido la marcha desarrollada bajo el lema Todos somos cultura.

En el Manifiesto al que se dio lectura en la primera jornada, la Plataforma reiteró su convicción de que "la proyección económica de la cultura es importante pero que no es superior a su dimensión pública y social, y a aquello que nos convierte en ciudadanos" y su vocación de "poner en valor un eje puntal en el desarrollo sostenible de nuestra sociedad". Asimismo, reafirmó el carácter imprescindible de que "la Cultura entre de lleno con el peso que le corresponde en la llamada "agenda política" como lo que es: la pieza clave para el desarrollo de un país. Estamos seguros de que "Solo el que sabe es libre y más libre el que más sabe, pero solo la Cultura da libertad, proporciona capacidad de reflexionar sobre uno mismo y pensamiento crítico". Únicamente con la colaboración de los profesionales, la ciudadanía y los gobernantes será posible la sociedad de alto nivel cultural que perseguimos".

El Congreso constituyó la culminación de las reflexiones y debates que la Plataforma había venido organizando en el Ateneo madrileño desde el pasado mes de octubre de 2014 y en el que se fueron abordando cuestiones de particular interés como la fiscalidad de la Cultura, la situación del Patrimonio, la enseñanza de las Artes o el papel de los gestores culturales, asuntos todos ellos que, finalmente, fueron analizados en el Congreso, a través de la intervención de más de 50 ponentes. Entre ellos, personalidades de primera línea en la esfera de la Cultura, como los catedráticos María Ángeles Querol y Juan Antonio Hormigón, los periodistas miembros de los Consejos de Administración de RTVE y TeleMadrid, Teresa Aranguren y Eduardo Sotillos, los actores Juan Margallo e Iñali Vergara, la soprano, compositora y directora de orquesta Pilar Jurado y el músico y presidente de la asociación Promusic, Enrique Perdomo, Abel Martín, Director General de AISGE Juantxo Cerdán, Unión de Cineastas, Raquel Cuenca, presidenta de la asociación de Ilustradores de Madrid, y Pedro García Ramos, diseñador y pintor, y Marisa Tejada, del colectivo de Artes escénicas, entre ellas el Circo, destacó que "pese a la precariedad que hemos sufrido y contra la que luchamos, seguiremos defendiendo la alegría".

Entre las reivindicaciones que fueron aprobadas y que formarán parte del Libro Blanco de la Cultura, destaca la reducción inmediata del 21% del IVA, el cambio en los métodos de gestión de la cultura por parte de los gobiernos y administraciones autonómicas y municipales, el control democrático de las políticas culturales para "conjurar las amenazas que se ciernen sobre el Cine y el Teatro, las Artes visuales y el mundo editorial y del Libro", así como la exigencia de que se diseñe la Cultura como una cuestión de Estado".

Intervención de Federico Mayor Zaragoza

"Queridos amigos, qué bien que sea en el Ateneo donde se presenta para la acción, ya resuelta e inmediata, esta Plataforma (En Defensa de la Cultura). Acaban de decirles en estos momentos el ámbito y la fuerza que tiene.
Yo quiero destacar y lo hago precisamente en homenaje de todos los que han intervenido en la preparación de este documento en defensa de la cultura: Qué bien que, solo se proclame, sino que se escriba así. Lo escrito, escrito queda, porque las ideas, lo que es fundamental para esta cultura como "arma de construcción masiva", como se dice. Qué bien que tengamos aquí los mimbres con los que vamos a actuar en lo sucesivo.
Ha llegado el momento. Hace algunos años una intervención de esta naturaleza, una reunión de personas tan distintas, con maneras y estilos de vida tan distintos, como las que hay en esta Plataforma, no tendría el sentido que tiene hoy. Hoy, no me canso de repetirlo, por primera vez en la historia, el pueblo puede dejar de ser invisible, puede dejar de ser anónimo, puede dejar de estar confinado intelectual y territorialmente en espacios muy delimitados. Durante siglos la gente nacía crecía y moría en espacios muy reducidos, en unos cuantos kilómetros muy limitados. Su vivir anónimo, temeroso, atemorizado de antaño era lógico, porque no tenían una visión de conjunto. Eran siempre ciudadanos muy concretos, sometidos siempre a un poder absoluto masculino y, por tanto, lo único que hacían era obedecer. Eran obedientes, silenciosos, atemorizados.

Precisamente lo que a mí me gusta siempre destacar de la Declaración de los Derechos Humanos es el preámbulo luminoso donde dice que estos derechos son para liberar a la Humanidad del miedo. (...) En el segundo párrafo –y por eso, cuando oigo a muchos políticos hablando de Derechos Humanos digo que no se han leído la Declaración- se dice "y si no pudieran ejercer plenamente claramente estos derechos, podrían verse compelidos a la rebelión". Por eso entendíamos a Saramago cuando decía que: "Lo malo de la paciencia es que puede llegar a ser infinita".

Lo que hay que hacer es reaccionar. Ha llegado el momento de decir que hoy ya podemos dejar de ser invisibles, hoy ya podemos ser identificables, hoy ya podemos perder el miedo, hoy ya podemos elevar la palabra. Esta facilidad con la era digital en la que estamos, que tiene inconvenientes pero también ventajas, nos permite hoy decir que todos los ciudadanos, progresivamente, pueden expresarse. La expresión, de la manera de pensar, de sentir, de compartir. Como dice la Declaración de la UNESCO- no solo relativa a bienes materiales, sino que tiene que ser una solidaridad intelectual y moral, es decir, compartir nuestra experiencia, nuestra vida, el balance de los errores y fracasos de toda trayectoria humana. Esto es lo que hoy ya es posible.

Me decía una tarde en Pretoria el presidente Nelson Mandela: "la mujer es la piedra angular –the corner stone- del nuevo edificio que vamos a construir en esta nueva era que se avecina; la nueva era de "nosotros, los pueblos". Fíjense que cuando termina aquella II Guerra Mundial brutal, de genocidio, holocausto, con formas de exterminio abominables-, la Carta de las NNUU decía "nosotros los pueblos" -no dice "nosotros, los Estados" o "nosotros, los gobiernos"- hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra. Es decir, hemos decidido construir la paz y lo vamos a hacer pensando en las generaciones venideras a las que ahora estamos olvidando. Porque en los años 80 sobre todo- cuando terminaba aquella Guerra Fría terrible, cuando el imperio soviético se convertía en una comunidad de estados independientes, cuando Nelson Mandela salía con los brazos abiertos después de 27 años de prisión y en unos meses terminaba con aquel horrible apartheid racial...- entonces pensamos que de una vez podíamos ser nosotros, los pueblos.

(...) Pero occidente ha caído en unos años en una trampa inmensa. Se desplazó a las naciones Unidas, siendo sustituidas por grupos plutocráticos de pocos países. ¿Cómo puede ser que unos pocos países –seis, ocho, veinte...- gobiernen a 193? ¡Qué barbaridad! Pero lo peor de todo es que se sustituyeron estos principios éticos, democráticos, valores de nuestra capacidad creadora, por valores mercantiles y esto, sencillamente, se aceptó. ¿Cómo puede ser que en Europa hayamos hecho una unión monetaria y hayamos permitido la desfachatez de los mercados que ha hecho que en Grecia, la cuna de la democracia, el mercado haya elegido directamente al gobierno?

Sobre todo en los últimos años, cuando ya teníamos la posibilidad de que la mujer estuviera en el estrado, cuando ya teníamos la posibilidad de tener conciencia global, de expresarnos, de participar, de hacer una democracia real –no en la que nos cuenten "tantos a favor, tantos en contra" cada cuatro o cinco años, sino en la que "contemos", en la que seamos tenidos en cuenta. Sin embargo aceptamos esta sumisión, aceptamos que somos espectadores en lugar de actores de nuestra vida, aceptamos ser impasibles.

Por eso, como decía antes, ha llegado el momento de decir que es precisamente la facultad creadora de cada ser humano nuestra esperanza y es el momento de poner en práctica esta inmensa capacidad. Tenemos que saber lo que ha acontecido para que muchas cosas no vuelvan a suceder y otras sucedan de otra manera. Pero lo que es cierto es que el pasado está escrito y, sin embargo. Tenemos que escribir el futuro. El porvenir está por hacer y esa es nuestra gran tarea, un trabajo que lo tienen que hacer todos los seres humanos. Dice Miquel Martí i Pol que todo está por hacer y todo es posible, pero quién, si no todos. Todos los seres humanos somos capaces a través de la invención y la capacidad de creatividad, que es la que debe desarrollarse en el proceso educativo, la base.

Pero como nos inspiramos en los informes PISA, se van desplazando otras definiciones. Fue Francisco Giner de los Ríos el que decía, hace un siglo ya, que "educación es dirigir la propia vida". Pues bien, en la UNESCO se dice: "Educados son los que son libres y responsables". Es esto lo que tenemos que procurar: ser libres. Y ser libres significa actuar en virtud de nuestras propias reflexiones y nunca al dictado de nadie. Ser libres significa, sobre todo, poner en práctica esta facultad instintiva de imaginar, anticiparse y crear. Cada ser humano es creador. Esto es lo que tenemos que desarrollar a través de la filosofía, las actividades artísticas y el desarrollo de la creatividad.

Tenemos que hacer un mundo distinto, crear un nuevo diseño. Estamos entrando en una era que nos permite de manera irrestricta expresar nuestros puntos de vista. Estamos entrando en un momento en el que la mujer no mimética, sino con las facultades que le son inherentes, se incorpora plenamente a la sociedad. Pero hay que tener en cuenta que existen fenómenos, tanto sociales, como físicos y químicos, que son potencialmente irreversibles. No se trata tan solo de hacer buenos diagnósticos, estamos cansados ya de diagnósticos. En estos momentos es fundamental el tratamiento a tiempo antes de que lleguemos a puntos de no retorno. Tanto en fenómenos sociales como de otra naturaleza, sobre todo experimental, hay puntos de no retorno. En muchas ocasiones, como biólogo, he dicho que lo que tenemos que hacer es evolucionar, ser capaces de cambiar aquello que tiene que ser cambiado y conservar aquello que tiene que ser conservado, pero lo que tiene que ser modificado, ha de serlo a tiempo antes de llegar a puntos de no retorno. En cuestiones medioambientales estamos llegando a puntos de no retorno. Mientras nosotros miramos a otro lado, hacia las primas de riesgo, está en juego la habitabilidad del planeta.

Comentábamos antes aquella frase del 15-M que a mí me parecía magnífica: "Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir". Pues bien, creo que ha llegado el momento de reivindicar la cultura, la democracia cultural y la cultura democrática. La cultura democrática es la cultura que nos permite actuar todos los días, darnos cuenta de que en realidad la definición suprema de cultura es la manera de actuar cada día, lo que hacemos después de tener en cuenta todo lo que hemos aprendido, olvidado, recordado, imaginado... Todo eso nos permite actuar libremente, siendo responsables y teniendo en cuenta nuestra relación con los demás y nuestro entorno.

Recuerdo unos versos de un poeta del bajo Ebro, Jesús Massip, que en su Libro de Las Horas decía: "Pero las horas volverán y nos hallarán hechos y dóciles". Él ya partía de la base de que poco a poco nos vamos acomodando, vamos acatando estas grandes corrientes que en estos momentos conmueven a toda Europa. Me impresionó cuando, hace unos días, leí que el primer ministro de Francia decía que teníamos que "cambiar con el mundo", cuando en realidad tenemos que cambiar el mundo. Si cambiamos con el mundo implica que acabemos acatando estas pautas y comportamientos que han llegado a la máxima desfachatez en el caso de Europa. Incluso en el mismo país donde se originó esta crisis económica, de raíces políticas, éticas y sociales, están ahora saliendo mientras nosotros seguimos hundidos en estos procesos estrictamente económicos y financieros. Esto es porque hemos hecho una unión monetaria, pero no una unión política (...) Sobre todo, no nos hemos dado cuenta de que la riqueza que hoy tiene Europa es precisamente el ser capaz, en todo el mundo y en todas las culturas, de decir que ha llegado el momento de unir nuestras voces, que es posible inventar un futuro distinto. En el año 63, en un momento en el que necesitábamos que alguien levantara la voz, lo hizo el presidente Kennedy cuando dijo que no hay ningún desafío que se sitúe más allá de la capacidad creadora de la especie humana.

Esto es lo que ahora tenemos que proclamar a través de esta excelente Plataforma. En esta Plataforma los mimbres que se pueden aportar son el teatro, el cine, la televisión, el patrimonio cultural y el patrimonio inmaterial, música, danzas, artistas, artes plásticas y visuales, escritores, lectores, filósofos, artes escénicas y circenses. Luego también se encuentra la innovación y la ciencia, ¿cómo puede ser que los científicos, en lugar de tener que ser más competitivos por su creatividad o por tener más fondos, van a tener que serlo por ser la mano de obra cualificada casi más barata de Europa? Por tanto, la solución es la creatividad, inventar un futuro distinto. (...)

Proclamemos todos juntos que queremos este derecho fundamental, que es el de diseñar entre todos un futuro que esté a la altura de la igual dignidad humana. Durante muchos años he estado al servicio de la gran institución de las Naciones Unidas, de 'nosotros los pueblos', precisamente porque su Declaración comienza diciendo que todos los seres humanos son iguales en dignidad, todos los seres humanos son capaces de crear. Esta es nuestra esperanza."

Manifiesto de la Plataforma en Defensa de la Cultura (25 de Febrero de 2014)

La cultura es patrimonio común de toda la humanidad y forma parte primordial de la identidad y dignidad de la ciudadanía de un país; es un bien con valor simbólico, un derecho de todos y un factor decisivo para un desarrollo integral y sostenible, sabiendo que el respeto y la valorización de la diversidad cultural son indispensables para la dignidad social y al desarrollo integral del ser humano.
El artículo 9.2 de la Constitución asegura que corresponde a los poderes públicos "facilitar la participación de los ciudadanos en la vida cultural". Por tanto debe reconocerse el derecho universal de acceso a la cultura como uno de los pilares de la construcción en una sociedad más igualitaria y participativa que integre tanto a la infancia, los adultos, y la tercera edad como a todos los colectivos con riesgo de exclusión social.

La cultura es un sector no sólo de gran proyección económica, también tiene una importante dimensión pública y ciudadana. Su desarrollo y puesta en valor deben ser una prioridad política, ya que pueden ligarse a sectores como el turismo, la educación, el desarrollo local y la proyección internacional, así como a conceptos tan sensibles y esenciales como el paisaje, la memoria, el desarrollo personal o la identidad.

La cultura no puede seguir siendo considerada únicamente como un subproducto del desarrollo, sino que debe ser vista por todos los agentes políticos y sociales como uno de los principales factores del desarrollo sostenible. La cultura no puede ser entendida como un problema o como algo incomodo a los políticos. La crisis actual no puede ser ni un freno ni una excusa, es una oportunidad para toda la ciudadanía para reencontrarse y participar de todos esos valores, sentimientos e ideales. Los bienes, servicios y actividades culturales no son mercancías o bienes de consumo que puedan ser considerados únicamente como objetos de comercio, aunque tengan un valor económico importante, por ello la externalización no resulta una buena solución.

El reconocimiento en el artículo 44 de la Constitución de la cultura como un derecho, implica la obligatoriedad de una actuación pública que promueva el desarrollo cultural y el acceso a los bienes culturales. Dado que los sucesivos gobiernos, lejos de fomentar el desarrollo de este derecho público, han impulsado patrones culturales que han fomentado la separación entre sociedad y cultura.
Desde la Plataforma en Defensa de la Cultura exigimos:

La NO PRIVATIZACIÓN de los espacios culturales de uso público.
La REDUCCIÓN del IVA cultural.
Cultura y espectáculos accesibles y de calidad para toda la ciudadanía.
Que se impida la pérdida constante del patrimonio histórico y cultural cuyo valor pertenece a todos los ciudadanos, y se impidan privatizaciones espurias y contrarias al bien común.
Que se reconozca a los representantes de los diferentes sectores culturales como interlocutores en el desarrollo y elaboración de las leyes culturales: Ley de Propiedad Intelectual, Ley del Mecenazgo, Leyes de Patrimonio Cultural.

Que se reconozca:

Que los espacios urbanos públicos sean utilizados y mantenidos para utilización y disfrute de la ciudadanía, eliminando la usurpación de estos para usos publicitarios o privados, donde músicos, actores y cualquier creador de espectáculos puedan desarrollar su expresión libremente.
Una radiotelevisión pública sin dependencia de los dictados políticos, que prime la difusión de espacios y espectáculos culturales.
la enseñanza de las artes, (música, teatro, artes plásticas y visuales) no desaparezca de las escuelas, y que las diversas expresiones artísticas no se privaticen.
Que se respete y reconozca que lo que hoy se construye, crea, pinta, escribe, compone... es un valor patrimonial para nuestro futuro.
Que se impulse y fortalezca el trabajo en todos los ámbitos culturales: bibliotecas, centros de arte, cines, teatros, museos, asociaciones vecinales, agentes culturales, escuelas municipales, archivos, centros culturales, salas alternativas, etc.
Solicitamos la solidaridad y apoyo internacional de los artistas de todo el mundo.
Solicitamos que la LOMCE y cualquier ley sobre Educación incluya y articule adecuadamente en su programa todos los valores de la cultura.

Proponemos la celebración de un congreso de la cultura, patrimonio y espectáculo donde se elabore un libro blanco sobre LA CULTURA.

Sin cultura no hay futuro ni dignidad.

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